
Me fui con miedo,
pero me fui,
tomé mis sueños,
mis ganas de cambiar,
a quien me ayudo sostenerme
y que a la vez necesitaba de mí.
Ni siquiera ese día lo pensé mucho y me fui,
había revuelto mi mente
hace un par de meses,
deduje que no había solución
solo partir.
Salí del lugar
donde nunca pertenecí,
donde nunca me pude hallar.
Huí del ruido de la ciudad
de esa ciudad que me vio infeliz.
No voy a negar
que un poco triste me sentí
de todas formas mis raíces
ahí se quedan,
pero más embarga la felicidad
cuando me doy cuenta,
que sus discusiones
no volveré a oír.
Ahora solo queda olvidar
que la roncha está ahí,
sé que no sé irá
porque nací con ella,
ya no escuece tanto si no la pienso,
pero sé que estará conmigo,
¿Para siempre?
Quien sabe,
pero al menos
hasta hoy no la he vuelto a ver.
¡Hola!
ResponderBorrarHe conocido tu blog porque comenté en el de Diana (Opportunistic reader) y te vi entre sus favoritos, ya te sigo :)
Hace tiempo me sentí justo como en tu escrito, ahora la mayoría de las cosas han pasado y me siento un poco más estable así que, deseo que también puedas llegar a un puerto seguro, muchas gracias por compartir, ¡un beso!
También me siento más estable que cuando escribí esto, me alegra que tú también te llegaras a recuperar, un saludo y gracias por pasarte!
Borrar