Navego por lo desolado,
y con escaso sentido de supervivencia,
sin armadura que me cubra,
porque llevo trajes de realeza.
Me alimentaron desde niña con inseguridades
jurándome que siempre me iban a proteger,
ahora los que me custodiaron ya están lejos
aún más allá del atardecer.
Juro que hago todo lo que está en mis manos
para que los monstruos no me vean caer,
a veces me siento ridícula
porque son demasiados,
a veces aliviada
porque murmuran a lo lejos.
Quisiera hacer trizas con las manos
los recuerdos amargos,
quisiera quitarme la doctrina
como quien se quita la ropa,
quisiera todos los prejuicios
echarlos al agua y que se desvanezcan,
quisiera olvidarme del amaestramiento
como un animal circense liberado
quisiera borrarme de todo,
de absolutamente todo,
y solo así...
volver a empezar.
