
A veces es mejor no contestar
si no se sabe quien llama,
mucho menos si son las dos de la mañana.
La intriga bien se podría acurrucar en tu almohada
y el insomnio puede no tardar en llegar,
pero solo malas noticias arriban
a altas horas y sin avisar.
No sé qué aguardaba,
era claro que era quien imaginaba,
cuando escuche su temblorosa voz pensé:
¡Creo que no debí contestar!
Pero ya era tarde,
se explayó como nunca antes.
Un vergonzoso perdón
se asomó entre todas sus palabras,
que llegó a mis oídos sin extrañeza,
porque de boca en boca y como el viento sopla,
el recado me había llegado por anticipado,
el rebelde silencio hizo lo suyo,
y yo quede muda.
¿Por qué su lamento no logra saciarme?
¿Por qué el simple arrepentimiento no basta?
Quizá en una pretenciosa me convertí,
o demasiado tarde llegó a mí.
Soy exigente y a la vez tolerante,
pero es que nada de eso ahora puede sanarme.
Cuando alguien se disculpa contigo y no lo sientes realmente como una disculpa, entonces realmente no lo sea realmente.
ResponderBorrarQuizá hay ciertas circunstancias en las que se debe dar una disculpa, para que se sienta como tal.
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