Más que exhausta de recorrer mi propia celda
buscando salida al ficticio encierro,
cansada de culpar y castigar,
cansada de duramente sentenciar.
Harta de decidir por la vida de cada asesino,
asesinos de mi autoestima,
de mis sueños,
y de mi inocencia.
No necesito sus plegarias,
ni juicios,
¡Saldrán libres!
Porque está en mis manos,
porque de juez ya no valgo.
Que tome mi lugar cualquier entidad de creencia humana
o el que esté con el corazón deshecho,
pero he de advertirle que si se queda,
solo para celar a sus presos
tendrá que compartir el duro encierro.
