Aprendió a aullar,
como los loros, a "hablar",
quizá también para amedrentar,
pero nunca con el fin de dañar.
Pues en su jauría poco les importa rascar,
todos atacan y muerden sin piedad,
como si se les olvidara por unos instantes
quien fue por las carnes
que todos comieron ayer campantes.
No se les puede pedir que cambien,
ellos son lobos,
y el solo es el perro,
el perro intruso,
que todos creen menos,
pero necesario.
No parecerse a ellos lo ha llenado de heridas,
porque sus fuertes garras burlan su flaqueza,
tampoco puede hacerlos responsables de todo,
como buen conviviente de lobos,
se ha llevado un poco de sus pulgas.
Pero...está cansado de aullar,
lo agota fingir,
solo quiere un hogar cálido
y unos brazos que no lastimen.
